jueves, julio 14, 2011

TE REGALO UNA PELICULA

Ni tú eres Helen Hunt (creo que odiarías la comparación) ni yo, Jack Nicholson, pero desde que te conocí trato de ser una mejor persona. Esta frase es de As Good as It Gets o Mejor Imposible, como fue traducida aquí. Recuerdo haber dicho eso alguna vez en mi vida y también esa frase de Jerry McGuire, cuando estaba algo confundido en sus sentimientos (¿quién no?) y decide confesarlos abiertamente.

No creo que te acuerdes de todas esas frases o esas películas que formaron parte de nuestro pasado, a lo mejor me equivoco. Lo que si posiblemente no olvides con facilidad es mi fijación (y la tuya además) con las películas y nuestras vidas. Aquello fue en verdad ‘la’ película.

A ti siempre te causó gracia que yo mirara la vida como si fuera una perfecta serie de televisión o una buena peli de aquellas con nuestros nombres en los créditos iniciales. Ta vez porque a ti también te ocurría. Muchas veces pensé buscarte a medianoche en Navidad para mostrarte pequeñas pancartas con todo lo que siempre quise decirte y no me atrevía, como ocurre en ‘Love Actually’ una de mis cursis favoritas. Pero hice otras cosas, menos cinematográficas.

Y es que contigo nunca hubo escenas repetidas ni banda sonora de regalo. No alcanzaría ni en formato mp3. Pero bueno esas son cosas que hacen los corazones enamorados, a pesar de que pensamos que ‘solo pasan en las películas’ sabemos que no es así. Por eso estoy seguro que tal vez no quieras leer esto. Esas cosas no pasan en la vida real. No somos parte de ‘Down to You’ ni de ‘The Last Kiss’ solo somos dos personas que decidieron que su película terminó.

Estaba viendo ‘Ghost’ y me animé a escribir algo sobre lo que aprendemos de las películas, sobre todo de aquellas que además del romance nos dejan una enseñanza sincera, sé por las películas que siempre aparece alguien que te escucha a pesar de la necedad e intolerancia que uno puede acumular o de la negatividad que podemos tener a cuestas.

Dicen que los hombres no vemos estas pelis o no debemos verlas solos porque ‘no es’, ni mucho escribir cartas de amor ¿para qué? Bueno, siempre existen excepciones a la regla y yo aprendí a compartir esos temores contigo, aprendí y volvería a hacerlo todo de nuevo. Tengo que.

Creo que ahora que estoy escribiendo puedo confesarte siempre me sentí un individuo menor ante tus grandes historias de encuentros y desencuentros como si tu vida fuese una película de suspenso y la mía un clásico sin emoción, tal vez porque sabía que no tenía la capacidad de arriesgarme y salirme de lo previsible. Capacidad que tú siempre tuviste y que inyectaste un poco en mi ahora. Gracias por ello también, pequeña personita ausente. Muchas gracias.

En una escena de la película argentina “El hijo de la novia”, un hombre enamorado espera durante horas bajó una lluvia demencial por su amada, cuando llega, la busca, la persigue, le pide que aunque sea lo atienda por el intercomunicador. Allí, después de tantos desvaríos, él le dice todo lo que hace rato debió decir.

Le dice a su novia, tan linda, que él quería compartir su vida con ella y que eso incluía los problemas, porque quién no tiene problemas, y al final ella celebra esa extraña manera de liberar el corazón con un beso apasionado de varios minutos. Perdóname, aquí no llueve tanto y tú no tienes intercomunicador con pantalla (nunca lo tuviste). Pero alguna vez te esperé, muy callado afuera de tu edificio pero no llegaste. Porque si, eso solo pasa en las películas.

Debes pensar que estoy loco por escribir sobre películas y escenas, sobre amores y desamores otra vez, seguro que sí estoy loco (como siempre). Solo quería contarte que ayer me acordé de ti, que te pensé y que no te llamé como he prometido, que se que como yo hay muchas personas que entran al cine y salen inspiradas después de ver que una mujer le dice a su mejor amigo que lo ama antes que este se case o que un joven tome por asalto el micrófono de un estadio para cantarle al amor su balada favorita.

Yo solo sé dos cosas. Que tú estás muy lejos ahora para entender sobre lo que escribo y que las escenas imitables me sobran pero no tengo como hacerlas realidad. Ya no.

Aún sigo con mi extraño delirio de escribir el capítulo final y de cerrar definitivamente esta ventana pero (aún) no puedo. Fácil si nos encontramos de casualidad otra vez, me repetirás que la vida no es una serie de TV o una peli y yo te escucharé: porque a veces uno es así. Estoy poniendo ‘Nothing Hill’ en la PC y terminando este post a las 02:30 am. Hace frio afuera y sé que escucharé ‘She’ de Elvis Costello por aquí.

Supongo que la dedicaré a alguien especial y también un millón de escenas nuevas, porque las que compartimos no se las llevará nadie. Siempre estarán allí y si algún día las reponen en el cine te enviaré un mensaje de texto para que las veas. Tal vez coincidamos con nuestras familias como en el final de ‘Los Años Maravillosos’.

Ya empecé a rodar mi última escena de la película de mi vida, ya me llamó la guionista y tengo que partir. Gracias por las ideas prestadas, por las películas cómplices, por ese escepticismo que siempre me retó a darte la contraria y por todo lo compartido, siempre estarás en los créditos de mi vida. Gracias, infinitas gracias. Estoy escuchando ‘Time of my Life’ en mi Ipod mental antes de cerrar esta sesión, el soundtrack emblema de Dirty Dancing ¿quieres bailar?

1 comentarios:

Xofi dijo...

cuando bailamos?